El amor


Una moderna parábola de sabiduría y amor que cambiará tu vida … No existe mayor error en la vida que mostrarse cínico ante el amor.

Cuando llegues al final de tu vida, lo único que contara será el amor que has dado y has recibido. En tu viaje al otro mundo, lo único que te llevarás contigo es amor y lo único de valor que dejaras atrás es amor.

Por eso el amor es el mejor regalo de la vida. Le da sentido y lo hace merecedora de ser vivida.
El amor no es algo que sucede, es algo que creamos y todos tenemos esa capacidad.

Para amar realmente, debes de comprender a esa persona, necesitas conocerla y respetarla. Es preciso que su bienestar te preocupe de verdad.

Para amar a una persona de verdad debes de verla por dentro (su naturaleza, su espíritu o su alma). Hay cosas que no pueden contemplarse con los ojos. En el amor lo esencial solo puede verse con el corazón.

Todos tenemos el poder de amar y de que nos amen y la capacidad para crear relaciones amorosas en nuestra vida. Por eso es tan triste que la gente decida vivir sin amor»

El amor está disponible para todo el mundo, pero debemos elegirlo. En la vida logras lo que eres, y eres lo que logras.

Las relaciones no aportan el amor, nosotros ponemos amor en la relación. Cuando somos cariñosos, una relación cariñosa surge inevitablemente.

Si deseas amor, debes de renunciar a tus miedos y estar dispuesto a no dejar pasar las oportunidades.

Para ello debes de conocer los diez secretos del amor abundante.

El primer secreto del amor abundante es EL PODER DEL PENSAMIENTO.
El amor comienza con el pensamiento. Nos convertimos en lo que pensamos. Los pensamientos amorosos crean experiencias y relaciones amorosas

El segundo secreto del amor abundante es EL PODER DEL RESPETO.
No puedes amar a nada ni a nadie a menos que antes lo respetes. La primera persona que merece tu respeto eres tú.

El tercer secreto del amor abundante es EL PODER DE LA ENTREGA.
Si deseas recibir amor, ¡todo lo que tienes que hacer es darlo! Antes de comprometerte a una relación no te preguntes por lo que la otra persona te pueda dar, sino por lo que tú puedes aportarle a ella.

El cuarto secreto del amor abundante es EL PODER DE LA AMISTAD.
Para encontrar un amor verdadero, primero debes encontrar a un amigo o a una amiga verdadera. El amor no consiste en mirar a los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección.

El quinto secreto del amor abundante es EL PODER DEL CONTACTO FÍSICO.
El contacto físico modifica una de las expresiones más poderosas del amor, destruye barreras y crea vínculos entre la gente. El contacto físico altera nuestro estado físico y emocional y nos hace más receptivos al amor. El contacto físico nos ayuda a que el cuerpo sane y enternece el corazón.

El sexto secreto del amor abundante es EL PODER DEL DESPRENDIMIENTO.
Si amas algo déjalo libre. Si vuelve, es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue. Incluso dentro de una relación amorosa, la gente necesita tener su propio espacio.

El séptimo secreto del amor abundante es EL PODER DE LA COMUNICACIÓN.
Deja que la gente a la que amas sepa que la amas y aprecias. Nunca tengas miedo a pronunciar las palabras mágicas: “TE AMO”.

El octavo secreto del amor abundante es EL PODER DEL COMPROMISO.
Si deseas amor en abundancia, debes establecer el compromiso de lograrlo, un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos

El noveno secreto del amor abundante es: EL PODER DE LA PASIÓN.
La pasión enciende el amor y lo mantiene vivo.

El décimo secreto del amor abundante es EL PODER DE LA CONFIANZA.
La confianza es esencial para establecer una relación con amor.

Y para concluir podemos decir que cuando las personas estan enamoradas el flujo de energia en ellas en tan fuerte y puro que son posible de mover masas y a distancias entre ellos para reunirse en el mundo fisico.

Amemos que es mas facil y menos complicado y nos trae un gran benficio a la sadud y a la humanidad, el amor es alegria, es poder, es renacer, es vivir, es crecer, es imaginar en un solo contorno el AMOR lo es todo.

Vida Efímera


Si pudiésemos tener consciencia de lo efímera de nuestra vida, tal vez pensaríamos dos veces antes de ignorar las oportunidades que tenemos de ser y de hacer a los otros felices.

Muchas flores son cortadas muy pronto; algunas apenas pimpollo. Hay semillas que nunca brotan y hay aquellas flores que viven la vida entera hasta que, pétalo por pétalo, tranquilas, vividas, se entregan al viento.

Pero no tenemos como adivinar. No sabemos por cuanto tiempo estaremos disfrutando este Edén, tampoco las flores que fueron plantadas a nuestro alrededor. Y nos descuidamos a nosotros mismos y a los otros.

Nos entristecemos por cosas pequeñas y perdemos un tiempo precioso.

Perdemos días, a veces años. Nos callamos cuando deberíamos hablar, y hablamos demasiado cuando deberíamos quedar en silencio.

No damos el abrazo que tanto nos pide nuestro corazón porque algo en nosotros impide esa aproximación.

No damos un beso cariñoso «porque no estamos acostumbrados a eso» y no decimos lo que nos gusta porque pensamos que el otro sabe automáticamente lo que sentimos.

Y pasa la noche y llega el día; el Sol nace y adormece, y continuamos siendo los mismos.

Reclamamos lo que no tenemos, o que no tenemos lo suficiente.

Y nos consumimos, comparando nuestra vida con la de aquellos que poseen más.

Y si probáramos compararnos con aquellos que poseen menos?

Eso haría una gran diferencia!

Y el tiempo pasa.

Pasamos por la vida y no vivimos. Sobrevivimos, porque no sabemos hacer otra cosa.

Hasta que, inesperadamente, nos acordamos y miramos para atrás. Y entonces nos preguntamos: Y ahora?

Ahora, hoy, todavía es tiempo de reconstruir alguna cosa; de dar un abrazo amigo; de decir una palabra cariñosa; de agradecer por lo que tenemos.

Nunca se es demasiado viejo, o demasiado joven, para amar, para decir una palabra gentil, para hacer un cariño.

No mires para atrás. Lo que pasó, pasó.

Lo que perdimos, perdimos.

Mira hacia adelante!

Todavía hay tiempo de apreciar las flores que están enteras a nuestro alrededor.

Todavía hay tiempo de agradecer a Dios por la vida, que aunque efímera, aún está en nosotros.