el dolor de un sueño…

De vuelta a casa, tras una increíble semana en Nueva York hoy vuelvo a estar aquí. Aún con la maleta sin deshacer como quien dice y con la cabeza llena de grandes recuerdos, no he perdido el tiempo para seguir haciendo algo de lo que más me gusta, que es correr y empezar a planificar nuevos objetivos. Como saben el domingo disputé el maratón de Nueva York, para el que llevaba preparándome meses y que sigo describiendo, ahora más que nunca, como una de las mejores carreras del mundo. Aunque al principio tuve un pequeño mal sabor de boca al cruzar la meta, por no haber conseguido el objetivo que tenía en mente, pronto esas malas vibraciones se transformaron en sonrisas por haber vivido una experiencia única e inolvidable y poder saborear la enorme satisfacción de terminan una carrera tan dura y especial.

 

Y es que en Nueva York sufrí de verdad… algo que en un principio no me podía imaginar. Llegue con lesión de fascia plantar aguda y con diagnostico de infiltración, los dolores eran intensos tras haber caminado por la metrópolis un par de días recorriendo sus famosas calles y sus puntos de interés. Todo pintaba perfecto en mi mente, motivándome y recordándome el mantra “si puedes”, a pesar del día de frío y viento que hizo, los primeros kilómetros fueron geniales, la emoción y el lugar lo hacían indescriptible, todo iba bien hasta el kilómetro 22, en el que noté que empezaba a subir las cuestas con algo más de dificultad, pero yo no pensaba, corría! sin prestar atención a los dolores de  mis pies y cuádriceps que empecé a sufrir en torno al kilómetro 25, lagrimas y sentimientos de frustración, consternación y dolor pasaban por mi mente, mientras mis mejillas se humedecían con lagrimas imposibles de controlar, a punto de dejarlo todo era una pancarta que pasaba una y otra vez en mi mente, comencé a pensar que había ido muy por encima de mi realidad, comencé a dudar de mi y de mi ser. Inmediatamente comencé con un mantra diciéndome que mis ganas y mi motivación podían con ello y pronto pasaría o al menos eso es lo que me decía… pero a partir de ahí todo fue a peor… Conseguí pasar un par más de kilómetros y todo se hacía cuesta arriba, hasta que cuando llegué a Manhattan, aproximadamente en el kilómetro 25 justo cuando entramos en la 1ª avenida, me topé con el temido y famoso Muro. ¡qué manera de sufrir! ¡Eso no era un muro, eso fue la Gran Muralla China

Dicen que el Muro suele aparecer en torno al kilómetro 31 o 32 pero llega sin avisar, sin saber por qué o cuándo y no siempre llega, en mi llego en distintos puntos y momentos de la carrera, sus subidas me derrumbaban siendo estos, los puentes y mis pies chillaban de dolor, mi mente flaqueaba diciéndome que parara, pero mi corazón no se dejaba vencer. Esto es algo que no puedes entrenar, no está en un sitio fijo y puede llegar en un maratón o en todos los que corras. Yo ya lo he sufrido en alguna ocasión y te destroza la moral y la mente, hace de cada zancada un mundo, te hunde en el agotamiento y te va minando física y psicológicamente. Es algo habitual en un tipo de esfuerzo como éste que te lleva más allá del límite de tus reservas y de tu dolor, es ahí donde el cuerpo te dice basta. ¡Pero mi corazón me decía SIGUE! Así que me armé de valor y de motivación, no podía rendirme, pensaba en los que me apoyaban y me seguien y me dije ¡eso nunca! y corrí. Pasé delante de muchas personas, que gritaban mi nombre, que chillaban al mirarme, al sentir mi dolor, mi sufrir y dándolo todo y después de más de 17 durísimos y largos kilómetros conseguí terminar el maratón de Nueva York en 4 horas 54 minutos. Sufrí muchísimo, llore consternando por el dolor interno, por el dolor fisco de mis pies y por lo difícil de la carrera, pero la sensación de satisfacción por no haberme rendido ni un instante, por haber sudado hasta la última gota y hasta el último metro fue tan grande que ese sufrimiento tardó poco en convertirse en sonrisas y pronto me llenó ese enorme sentimiento de pasión por lo que hago.

Así es esta prueba, un desafío mayúsculo suma de esfuerzo y confianza que se traducen en superación y que te pone en tu lugar. Y eso es lo que hace esos 42.195 metros apasionantes y por lo que sigo estando enamorado del deporte y de esta forma de vida que para mí es el correr.

Ahora es el momento de seguir mirando al frente, de fijar nuevos objetivos así que no he perdido el tiempo en hacerlo. No concibo mi vida sin correr, sin luchar, sin crear nuevas metas por lo que planificare mi nueva carrera, donde entrenare más duro, donde usare mi lección y donde nuevamente lo dejare todo. Creo que es un bonito estímulo para empezar a recuperarme del desgaste de Nueva York y un nuevo objetivo que será sólo el comienzo de nuevos retos, nuevas ilusiones para seguir corriendo, sin pensar y disfrutando!!!

 

No quiero terminar este post sin antes agradecer todas las muestras de cariño y apoyo que he recibido de cara a Nueva York, así como los comentarios  que familiares y amigos me han hecho llegar. Gracias de corazón, todos ellos me han servido para sacar la motivación necesaria para continuar en esos duros momentos. Una vez más reitero que no he nacido para rendirme, se que debí haber seguido consejos de mi doctor, se que debí infiltrar mis pies, se que tuve que haber pensado en mi salud, pero si hubiese hecho eso hoy no hubiese conquistado un sueño, una promesa, un logro. Gracias a todos por haber hecho de alguna forma esto posible, por haber estado allí apoyando y al tanto de cada paso que di ese frio y duro día domingo!

NYC 2013

NYC 2013

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2 comentarios en “el dolor de un sueño…

  1. flori dijo:

    Hermoso relato aunque duro. Se de las carreras por experiencia y asi como es importante el entrenamiento, tambien lo es el corazon, el hace la mayor parte. Ojala te recuperes pronto y totalmente!. Te felicito de verdad.

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